Día a día se sentaba en el mismo bar, en la misma mesa. Pedía el mismo wiskey, a la misma hora, con sus cigarrillos de siempre. Se sentaba a pensar lo mismo: "Porqué la dejé ir, porqué le dije que se fuera, si realmente la amaba, la amo y la amaré".
Todo cambió un día cuando se miró al espejo y se dio cuenta de que estaba viejo, consumido en sus recuerdos y ya era demasiado tarde para ir a buscarla.
Siempre, sin excepción alguna, es tarde para recuperar un amor perdido…
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